Caries en la  infancia

La caries es una infección en el diente. Se trata de la enfermedad crónica infantil más frecuente. Es una enfermedad bacteriana destructiva de las estructuras dentales producida por una serie de bacterias que viven en nuestra boca. La acción de diferentes tipos de bacterias convierte el azúcar en ácido que destruye el esmalte y penetra en el tejido dentario. Puede llegar a arruinar la pieza entera.

Es un proceso infeccioso que, si no se trata, llega a generar un dolor intenso e incluso una infección generalizada y hasta la disminución del desarrollo físico del niño.

Los dientes son la única parte del cuerpo humano que no se regeneran por sí mismos; por eso la detección precoz de las caries es fundamental para evitar males mayores.

Cómo se genera la caries


Las bacterias de la boca se adhieren a la capa exterior de los dientes, formando el llamado sarro, que en su inicio puede eliminarse con un simple cepillado. Pero si permanece allí, las bacterias se alimentan de la comida, especialmente azúcares.

Aproxmadamente, a los 5 minutos de haber comido algún alimento, las bacterias empiezan a su vez a alimentarse de él y comienzan a producir ácidos que pueden destruir la superficie de los dientes y generar la caries.

En un primer momento, cuando afecta al esmalte, no duele, pero si no se trata, el proceso infeccioso continuará avanzando hasta alcanzar el interior de la pieza, la dentina, que tiene terminaciones nerviosas y produce dolor. Luego, llegará a la pulpa, donde está el nervio, que es totalmente orgánica y, si se infecta, se produce una afección muy dolorosa. Luego descender áhasta la raíz, donde acaba generando una infección, que produce pus y flemones y puede extenderse por la encía.

La caries de la primera infancia o caries del biberón

 

La llamada caries del biberón aparece en los primeros años de la vida del niño y suele afectar a los dientes incisivos superiores e inferiores. Puede producirse desde el mismo instante en que aparecen los primeros dientes en la boca del niño. Es conveniente empezar ya entonces con la limpieza bucal de sus dientecitos, frotando suavemente con una pequeña gasa húmeda. Cuanto más se tarde en iniciar los procesos de higiene dental, más probabilidades tendrá el niño de presentar caries.

Se llama caries del biberón porque una de sus principales causas es el mal uso del biberón, que ocasiona una exposición frecuente y prolongada a líquidos dulces o a la misma leche. Cuando los niños se van a dormir con el biberón o se les deja solos con el biberón en la cuna, los líquidos permanecen en su boca durante un largo periodo de tiempo, creando un ambiente perfecto para las bacterias. No deje solo a su hijo con el biberón durante un tiempo prolongado. Puede darle su toma tranquilamente, pero, cuando finalice, se le retira el biberón y se limpian sus dientecitos. Límite la ingesta entre horas de líquidos dulces y si el niño necesita un biberón para dormir, que sea de agua.
Los niños nacen con la boca estéril, los microbios que provocan la caries no surgen en su boca, sino por contagio, generalmente de la madre o el padre. Una cuchara compartida, la acción de limpiar con la propia boca el chupete caído al suelo, un alimento compartido o un trozo cortado con la boca de los padres puede traspasar las bacterias de una boca a otra, independientemente de que tengan o no caries. No se trata de la caries en sí, sino de las bacterias que la provocan.

Causas de la caries infantil

 

En la aparición de caries, suelen incluir varios factores: la presencia de las bacterias en la boca, los dientes susceptibles, la exposición de los dientes al azúcar o a los hidratos de carbono fermentados (pan, bollería, pasta, arroz, leche...), la frecuencia con la que se expone a los dientes y el tiempo que permanecen expuestos, y, como consecuencia de todo ello, la calidad de la higiene oral.
Para su aparición tiene que haber un medio oral ácido, y todo aquello que pueda provocar un pH ácido es potencialmente peligroso. Por ejemplo, las chuches, los caramelos, las bebidas refrescantes, las bebidas de cola, los zumos con azúcares añadidos, etc…; pero incluso, el pan, la bollería y la pasta que, en definitiva, son harinas y en su metabolización se producen azúcares que, al descomponerse, producirán ácido.
La dieta ha de ser, por lo tanto, muy variada huyendo de los abusos y de las comidas repetitivas (niños que sólo comen pizza o macarrones, por ejemplo). La fruta, de hecho, es muy buena porque tiene fibra, que actúa limpiando.  Comerse una manzana es lo más saludable para los dientes, tanto de los pequeños como de los mayores.
Pero el principal amigo de las caries es la falta de una higiene correcta. Es fundamental lavarse los dientes después de cada comida. Y hay que tener en cuenta, que antes de los 6 años, los niños no van a cepillarse bien los dientes. Así que, aunque es muy bueno que adquieran el hábito y aprendan a cepillarse solos, los adultos tendremos que repasar el cepillado, accediendo a las zonas difíciles y asumiendo nuestra responsabilidad con su salud bucodental.
Si quieres ayudar a tu hijo a entender la caries, puedes ponerle este vídeo de Érase una vez la Vida

Los primeros síntomas: cómo reconocer la caries

 

Son los odontopediatras quienes detectan, en las revisiones periódicas, los primeros síntomas de la caries. La Sociedad Española de Odontopediatría recomienda que la primera visita al dentista se efectúe el cumplir el primer año.
Si son los padres los que la observan, ya suele ser tarde porque el proceso de cavitación (cavidades en la superficie del diente) se ha iniciado y se ha perdido un tiempo precioso. En todo caso, la primera señal es la aparición de un cambio de color en el diente que se vuelve blanquecino y sin brillo. En una fase más avanzada, se observa un borde amarillo, marrón o negro en la zona careada. En la fase más visible, aparece la pérdida de sustancia y el socavón del esmalte, que se acaba rompiendo. La destrucción del diente indica que el proceso de caries puede llevar hasta varios meses en la boca.
La caries se suele iniciar en los sitios de retención de comida, por eso los molares (los que mastican y en los que es más habitual que se depositen los alimentos) son los más susceptibles de padecer esta enfermedad.

La prevención: recomendaciones

 

  • La leche materna es el alimento más saludable para los dientes del bebé porque disminuye el crecimiento bacteriano y la producción de ácido.
  • No se deben ofrecer biberones con bebidas dulces: zumos envasados, bebidas gaseosas, agua o leche con azúcar...
  • No hay que dejar al bebé en la cuna con el biberón
  • Es recomendable dar al niño agua entre comidas o leche materna
  • No se debe usar el chupete de manera prolongada ni untarlo con sustancias dulces
  • Hay que evitar los dulces y bollería entre comidas. Y en caso de comerlos, lavar inmediatamente después los dientes.
  • Después de cada comida se debe tener una rutina de higiene dental. Cuando empiezan a salir los dientes se deben limpiar con una gasita y agua y a los 12-15 meses empezar el cepillado con un cepillo dental adecuado, con una pequeña cantidad de pasta dental fluorada especial para niños.
  • Se puede empezar a usar seda dental cuando el niño presenta todos los dientes de leche, alrededor de los dos años y medio.
  • Hay que inspeccionar los dientes del niño regularmente y comenzar las visitas del dentista a partir del primer año.

 

Cuando la caries se ha iniciado: tratamientos

 

Según se produzca en los dientes de leche o en los definitivos, el tratamiento será difentente.

La fluorización, bajo control del odontólogo, es, según la Sociedad Española de Odontopediatría, uno de los remedios más eficaces para luchar contra la caries. El esmalte se puede reforzar y remineralizar mediante la aplicación de fluór. El flúor reacciona con los cristales de hidroxiapatita del esmalte y los convierte en cristales de flúorapatita, que son mucho más resistentes a la acción de los ácidos. Según la OMS, reduce la incidencia de caries hasta en un 50%.

Si la lesión llega al nervio, y estamos ante dientes temporales, se realiza una pulpotomía o tratamiento del nervio que nada tiene que ver con las endodoncias realizadas en los dientes definitivos.
Si la caries no ha afectado al tejido nervioso del diente, se obtura mediante una pasta (empaste u obturación).
Cuando la caries ha perforado el diente se aplican unas coronitas metálicas, poco estéticas pero muy prácticas. Su finalidad es actuar como mantenedor de espacio, a la vez que facilita que el niño pueda masticar bien. Es muy eficaz y facilita que el diente permanente erupcione más tarde sin problemas. La mayoría de los tratamientos de ortodoncia que se realizan en la actualidad son generados por perdidas de espacio en dentición temporal.
Sólo se extrae el diente cuando no hay más remedio; es decir, cuando la infección obliga a su extracción porque se han destruido las raíces del diente. En estos casos, siempre hay que instalar un mantenedor de espacio para evitar que se pierda el espacio necesario para la correcta ubicación del diente permanente.
 

 

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